
El sábado discutí con
the young Jules mientras tomábamos unas copas o viceversa. Es un matiz importante, pero ya no lo recuerdo, así que no le demos más importancia de la que realmente tiene, que es mucha. Sí recuerdo el motivo, que no es otro que la resuelta huelga de guionistas de Hollywood que dio al traste con la ceremonia de entrega de los Globos de Oro y amenazó la de los Oscar hasta hace un suspiro -recuérdenme que le dedique un PD a Corbacho-. "La felicidad nunca es completa", pensarán los que, como yo, temen que la madre del artista nos siga dando el coñazo.
En fin, Pilarín… Los que conocen a Julito saben que es mala pareja de baile en estas lides por su tenacidad. Es capaz de rebatirlo todo, de contra-argumentar sin piedad ni límite de tiempo hasta que el contrario, una de dos, se rinde o se da a la fuga atravesando un muro de carga convencido de ser el mismísimo Mortadelo. Mi amigo sería algo así como el Stoichkov de los equipos de debate de las universidades americanas, uno de esos que todos quieren en su equipo y odian en el contrario.
El caso es que muchas de las vacas sagradas del cine made in USA apoyaron las demandas de los que allí denominan
writers. Desconozco cuáles eran, pues tengo la sana costumbre de morirme de pereza antes de ponerme en el pellejo de cualquiera que agite una pancarta, pero en gran medida son irrelevantes para el post. ¿Por qué? Adivinen, que esta es fácil. Eso es, porque dos borrachos tienen la misma facilidad para caminar sobre una línea recta que para mantener una discusión coherente. O lo que es lo mismo, ninguna.
Digamos que la huelga de los escritores acabó siendo una excusa, la mía, para honrar la muy española costumbre de poner a parir al prójimo aun sin conocer sus circunstancias, cualesquiera que sean. "Mira Julito, ni puta idea de cómo se regula el gremio ni del trabajo en la sombra que hace que los proyectos funcionen o de lo que estén pidiendo mientras pasean en círculos, pero es mucho más grave que hayan dejado de hacer su trabajo". Hagan la prueba. Descarten las películas basadas en novelas, comics o historias reales y ahora las secuelas,
precuelas, musicales o
remakes. ¿Cuántas quedan?
Alguno dirá que también en eso consiste su trabajo, pero yo no estoy de acuerdo. Creo que a los guionistas o escritores se les presupone, fundamentalmente, capacidad para crear historias. No es lo mismo lo que hace Paul Auster cuando escribe 'Brooklyn Follies', que lo que hace Benito Gómez Ibáñez cuando traduce la novela. Por lo tanto, si lo que mayoritariamente hacen los guionistas es traducir al lenguaje cinematográfico historias originales concebidas en otros formatos me parece perfecto, pero entonces son cualquier cosa menos escritores.
PD: Sr. Corbacho, no sé si fue el responsable del guión de la gala de los Premios Goya que usted mismo presentó, pero está claro que ahí tampoco había un escritor. Sepa, además, que un hombre de pelo en pecho, vestido de mujer y con peluca ya no hace reír ni a los niños y que besar a otro hombre ya no es transgresor. Y usted, al que muchos tuvieron por un tipo innovador en su momento, no debería aceptar cualquier encargo. Claro que, si una gala al año tiene un pase, su programa semanal en Antena es como para subir a los altares catódicos a Javier Sardá.