"Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él" (Jonathan Swift, 1667-1745)

miércoles, noviembre 26, 2008

MÚSICA NEGRA

Anoche, cosas de noctámbulo, me tragué a Miqui Puig en los conciertos de Radio 3 que echan de madrugada en La 2. Y digo 'echan' para honrar mi tierna infancia pucelana, cuando la televisión echaba westerns en la sobremesa de los domingos, y para que alguien eche a Puig a los leones. Buena banda, regular interpretación y pésima voz hasta que decidí irme al sobre. Pero con todo, y aun sin conocer a la persona y reconociendo que su música a mí plim, confieso que siento cierta simpatía por el personaje. Más allá de la televisión que todo lo pudre y luego lo esparce, me parece un tipo que casi siempre ha hecho lo que le ha salido de los huevos. Casi siempre, a veces, ya es mucho. Y eso, siempre, es importante.

Lo demás para hoy ya es banda sonora de novela negra, un subgénero en el que los protagonistas hacen mutis para siempre dejando tras de sí un rastro de misterio. Incluso morbo, si se puede llamar así. Por orden de proximidad, Susie Pop, "la Verdadera Nancy Rubia", se ha tirado por el Punte de Segovia demostrando que las mamparas sólo sirven para los cobardes. Jamás he escuchado a las Nancys Rubias y tampoco voy a hacerlo ahora. Es más, ni siquiera sé qué hacen exactamente, pero este tipo de noticias me hacen pensar si es necesario que se apague una estrella para que nazca un mito o es todo mucho más sencillo. Es decir, ¿el revuelo se debe a la forma o al fondo? En cualquier caso, no se por qué pero lo siento sinceramente.

Y al otro lado del canal, han declarado muerto a Richey Edwards, guitarrista y compositor de los Manic Street Preachers. Tampoco he escuchado en mi vida a los MSP, pero según los papeles el tipo desapareció en 1995 y encontraron su coche cerca del puente Severn, otro lugar con cierto gancho para los suicidas. Desde entonces ni rastro, aunque ya ha habido varios avistamientos. Era de esperar. También los hay que aseguran haber visto a Elvis, aunque yo dudo mucho que nadie reconociera a un abuelo de 73 años por mucho que presumiera de lentejuelas y patillas de hacha. En definitiva, dos historias de suicidios que los hará sobrevivir a su propia obra. Por cierto, ¿adivinan cuántos años tenía Edwards cuando desapareció?

miércoles, noviembre 12, 2008

BODA A LA BÚLGARA (III Y FINAL)

Comentaba hace ya un tiempo que yo quiero a todo el mundo. Y que a algunos, incluso, los quiero hostiar. Entre todos ellos, destacaría una fémina del tamaño de un oso grizzly, imagínense, que vigilaba el escáner del equipaje de mano del aeropuerto de Sofía. Imagínense también los modales con los que me preguntó si llevaba un portátil encima que no tuve más huevos que contestar con un gracioso y muy español "no, cojones, no, no llevo un puto ordenador en la mochila". Y es que para ser sinceros, los búlgaros, no se ofendan ustedes, no me parecieron gente amable.

Será mi mala suerte, pero es tan cierto que la mujer búlgara de mi colega sería capaz de sonreír con los pies metidos en la freidora de un churrero como que el trato no fue todo lo cordial que cabía esperar. Y eso, si no quieren seguir imaginando ya se lo cuento yo, se refleja en ciertas rutinas. Conducen como auténticos hijos de puta, por ejemplo. Que un taxista amague con echar a otro coche a la cuneta por no ceder el paso, adelantar por el arcén o hacerlo por la izquierda de tal manera que se crucen tres coches a la vez y sin inmutarse, sólo lo he visto en Bulgaria.

Con todo, la palma se la llevan los taxistas del aeropuerto y el busero que nos llevó a Plovdiv. Sepan que antes de coger un taxi hay que pactar el precio y ya en el destino, si protesta, se amenaza con llamar a la policía y se quedan como la seda. De lo contrario, al final pasa lo que pasa, que pagas diez euros por un trayecto de cinco, aunque reconforta que algunos pagaran treinta y encima dejaran propina. En cuanto al conductor del autobús, cómo contarlo. Se le caló el motor en el carril izquierdo de una salida en curva de la autopista y, como no arrancaba, lo dejó caer marcha atrás con la reversa metida. Jugada maestra y, por otra parte, arriesgada de cojones.

Por lo demás, en descargo de Bulgaria hay que decir que es un país barato, muy barato, donde el cartón de Marlboro cotiza a 17 euros y puedes cenar por siete u ocho euros. Eso sí, mi amigo Jon quiere advertirles (de) que "cuando te dicen que la bandera es blanca, verde y roja por el yogur, el pepino y el tomate, no están de cachondeo y si lo están, me habría parecido una razón la mar de convincente". No sé qué pensaría Freud de todo esto, pero así es, el pepino y el yogur se sirven a granel.

PD: Supongo que cosas similares podría decir cualquier turista suizo que venga a España, pero es que nosotros, amigos, también somos un país de mierda.

PD2: Si alguien necesita algunos consejos sobre la vida nocturna de Bulgaria que avise, que más vale prevenir que jugarse un sopapo.