"Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él" (Jonathan Swift, 1667-1745)

miércoles, enero 30, 2008

EL CHOCOLATE DEL LORO

Ando preocupado en los tiempos negros de precampaña electoral, de contraprogramación de entrevistas televisivas, de ostias en conserva y lo que te rondaré morena. Y no soy economista, pero tengo nociones básicas como para opinar sobre el desmadre de los 400 euros. O lo que es lo mismo: sabiendo lo que cuesta un café y habiendo interiorizado lo que vale un euro, propina incluida -manda huevos-, creo que no me equivoco al considerar la propuesta como una soberana pelotudez.

¿Es progresista? Depende. ¿Qué es ser progresista? Ahí reconozco que me han jodido. De no ser por las perversiones del lenguaje, progresistas lo seríamos todos. Sin embargo, a día de hoy y en este país, ser progresista es de izquierdas y ser español de fachas. Uno, que se siente español y progresista después de haber discrepado con todos, anda, como decía más arriba, preocupado. De lo que hablamos, seguro, es de una medida política sino populista. Hablamos de oportunismo frente a oportunidad electoral, de impulsos más que de reflexión.

El caso es que la medida no afecta a los autónomos, que digo yo que también son hijos de Dios si creyentes y pirsonas humanas si descreídos. Además, lo mismo da ocho que ochenta, lo que deja de ingresar el fisco es lo mismo para el botones que para Botín. Y si encima se nos vende que la rebaja es una medida para fomentar el consumo y apaciguar una crisis que no existía, la pregunta es clara. ¿A qué cojones esperaban para aplicarla? A que les enseñemos la papeleta por debajo de la puerta, a eso.

Con todo, lo grave es que es mentira. Los 400 euros salen del superávit del Gobierno, una bolsa que hemos llenado entre todos y que debería dedicarse a invertir en sanidad, educación y carreteras sin peaje. En cualquier cosa, menos en la compra de votos. Así, primero nos cobran para devolverlo después si les llenamos la urna de puños cerrados y rosas con espinas. Sumen a esto el cheque bebé y todo lo que rodea a la oficina para el alquiler de la vivienda, y el resultado es una monumental tomadura de pelo.

Y todo, como decía, supeditado a lo que digan las urnas el próximo 9 de marzo. El problema es que lo barato, una vez más, puede salir caro, y los 400 euros se pueden quedar en el chocolate del loro. Al fin y al cabo, la prima no da para más que 500 cafés de Zapatero y 333,3 del españolito de a pie en cuatro años. A lo peor son 400 golpes, uno cada 3,65 días de legislatura, que a mí, sinceramente, me parecen muchos. La operación de marketing político, eso sí, de manual.

miércoles, enero 23, 2008

OPORTUNIDAD LABORAL

Ya saben que el futuro laboral se encuentra en sectores como los de las nuevas tecnologías, las energías renovables y todo aquello vinculado al medio ambiente. Si esto no es lo suyo, puede opositar o dedicarse a cualquier otra cosa más convencional que se les dé bien. Si esa otra cosa consiste en rascarse la huevada todo el santo día, siento comunicarle que su actividad no es considerada empleo por el Estado. Por lo tanto, no tendrá que cotizar, pero tampoco tendrá subsidio de desempleo cuando se desuelle el escroto y se quede con las pelotas en la puta mano de tanto rascar.

Les han inquietado las terribles consecuencias que puede acarrear una vida ociosa, ¿verdad? A mí también. Por eso vengo con una propuesta laboral alterntiva, muy indie, como minga al culo para todos los que no saben en qué invertir su potencial. Vaya por delante que se trata de un trabajo peculiar, no apto para menores ni pudores. Si se animan, les aseguro que es información de primera mano, contrastada. Me lo contó un cubano que se dedicaba a la producción audiovisual ocasionalmente, aunque su andamio habitual es otro.

Como todos los trabajos, tiene pros y contras. Entre las ventajas, destacan la posibilidad de trabajar sin salir de la cama, la flexibilidad de horarios y la oportunidad de conocer gente nueva. Empero, la tentadora oferta requiere invertir un pequeño capital en una cámara de vídeo y puede comprometer seriamente su estabilidad sentimental. Ahora es cuando sacan la balanza y sopesen si les interesa ocupar el resto de sus días como directores de casting para películas porno. Sólo tienen que ayuntarse sin piedad con el aspirante a engordar la nómina de la Patrulla X, garbarlo y enviar el resultado a la productora.

Piénsenlo, les pagarían por hacer lo mismo que muchos otros hacen pagando. Con un poco de suerte, pueden montarse un trío con la "peluquera pijita del Barrio del Pilar y su amiga". No olviden que es tan importante la actitud como la aptitud. Y si usted es el objeto del casting, no se deje engañar: por estas entrevistas de trabajo se cobra. ¿Quién sería el infeliz que dijo "donde tengas la olla no metas la polla"?

viernes, enero 18, 2008

LA CANCIÓN DEL VIERNES 18 DE ENERO

Salvo excepciones contadas en el apartado de la casquería y la comida oriental en general, me tengo por un tipo capaz de comer de todo y en cantidades industriales. Ya desde pequeño solía merendar un bocadillo y un plato de lentejas o pasta que hubiera sobrado de la comida. Y en contra de lo que pueda pensar algún incauto, esta virtud no está reñida en absoluto con la educación de un paladar pulido a base de buen yantar. Esto quiere decir que me puedo comer una docena de gatos de una sentada, pero que no me digan que eran liebres.

Generalmente, la intentona tramposa se produce a la hora de pasar por caja, cuando te pasan la clásica carpetilla de cuero con la multa mientras presumen de modales. Y en el caso de Nueva York, vaya por delante que éstos suelen ser excelentes. Se estila más una estocada elegante en la suerte contraria que la clásica puñalada trapera ibérica. Bien, pues la experiencia me dice que entre el Hudson y el East River te la pueden dar con queso si te la juegas con algo más sofisticado que una plancha y todo lo que sea susceptible de ser cocinado sobre ella.

Es de gañán nacionalista pensar que no hay sitios buenos pero, quizás, no por debajo de los 150$ por mirlo. Por lo menos, así fue en los dos que catamos en esa horquilla de precios. Lo de Pastis fue más razonable por tratarse de Nochevieja y porque nos bebimos dos cervezas y otras tantas botellas de vino. Aún así, muy lejos del 4,1 con el que aprobé la selectividad. Peor, mucha peor suerte, corrimos en el River Cafe, bajo el puente de Brooklyn, donde los Rolling presentaron el 'Bridges to Babylon' a bordo de una Cadillac rosa. También dos primeros y dos segundos, y por el mismo precio, pero sin vino y con una calificación final aún más lejos del aprobado.

Lo cierto es que, euro mediante, muchos españoles han aterrizado en Nueva York últimamente y teníamos referencias de todo tipo, pero el consejo de dos miembros de La Cofradía de L'Entrecotte, sociedad gastronómica a la que me honra pertenecer, nos convenció. Y eso, precisamente, es lo que me mosquea: dos tipos que han dado muestra de su buen hacer pantagruélico más de una y mil veces, me enviaron a comer mierda a la cueva de Alí Babá. Y la mierda, ya lo saben, siempre es cara. Las vistas desde la sala son espectaculares, pero las vistas son gratis y, además, no dan de comer.

Así que ya saben, los experimentos con gaseosa y no se fíen ni de su madre. Tampoco se sorprendan si el pan de las hamburguesas no lleva sésamo. Son así, como la que se come Jules en Pulp Fiction cuando va con Vincent a recuperar su mercancía. Gran película, que seguirá siendo moderna dentro de décadas, y gran banda sonora, que podría servir para poner la música a este viernes. Sin embargo, para hacer los honores a esta segunda entrega de la trilogía sobre Nueva York, que cante este tipo excesivo que, sin ser neoyorquino, tiene una historia muy vinculada a la ciudad.



PD: Va por J y Diana, que anoche nos comunicaron que este verano pasarán a formar parte de la comunidad del anillo. Un abrazo, amigos.

jueves, enero 17, 2008

DIFUNTOS ILUSTRES Y NO TANTO

Nunca he sido muy de poesía. Y tampoco lo soy ahora, más bien de actitudes. Y la de Ángel González era buena. Contó Sabina que dos días antes de mirar al abismo, estuvo en su casa hasta las seis de la mañana canturreando, recitando, bebiendo y fumando. Mucho anduvo para andar tan delicado de salud como andaba, pero no renunció a sus pequeños placeres. En una ocasión le preguntaron a Fernando Fernán Gomez qué era lo que más satisfacción le producía. "Sin ningún género de dudas, el alcohol", roncó.

La cuestión es que a González la muerte le pilló bailando, como debe ser. Me recuerda a la actitud del padre de un amigo, de uno de los buenos que, cosas de la vida, en la celebración de mi treintena me regaló una antología del poeta astur.

Otra difunta ilustre, tras un parto prematuro y sin haberse presentado en sociedad siquiera, es la iniciativa de ponerle letra al himno nacional propuesta por el COE. El olímpico presidente, Alejandro Blanco, ha tenido que meter la marcha atrás como un adolescente en celo. En este caso, el problema ha sido no sólo de actitud, también de aptitud. Se veía venir el lío, ya lo dijimos por aquí.

Y veremos qué pasa con la vida de Gallardón después del 9M. ¿Ha llegado su ambición política a una vía muerta? Cuando escribí esto me preguntaba si el alcalde formaría su propio partido, pero entonces no existía Unión, Progreso y Democracia, el partido de Rosa Díez, una que ya ha hecho el viaje que quizás deba emprender. En cualquier caso, muy mal por Rajoy, que podía haber hecho lo mismo hace unos meses, y por Gallardón, por inoportuno y porque, si quería ser diputado, no debería haberse presentado a la alcaldía. El efecto Pizarro, por lo pronto, diezmado. Pónganse un cero en marketing político.

martes, enero 15, 2008

PALMO

Creo que hasta la fecha no he presentado oficialmente mi nuevo juguete: el 50% de Palmo Producciones Musicales & Eventos. La otra mitad es de mi socio, Eugenio Moltó, empresario de la hostelería de día y barman de noche. Aclaro que yo también soy barman o, lo que es lo mismo, un hombre de bar. Montamos este chiringuito hace unos meses con la única esperanza de divertirnos organizando conciertos sin perder (mucho) dinero. Y de momento, seguimos esperanzados. Hemos cerrado el ejercicio 2007 con dignidad y un par de puntos de sutura por culpa de algún vendedor de humo. Nada grave.

Como nos tenemos en muy alta estima, diré que somos de fiar. Somos buenos pagadores -faltaría más-, y mejores cobradores -no cabría esperar menos-. Yo estoy impedido musicalmente y mis pinitos con la música se limitan a los conciertos y a los discos que no me bajo de Internet. Eugenio, que me saca algún reluciente lustro, tuvo un conjunto de punk en los ochenta y ahora se debate entre los Sex Pistols y Mozart. Efectivamente, todo muy ecléctico. Como los palos que toca Palmo: rock, pop, funky, hip-hop… Lo que nos echen, siempre que no pinten bastos (léase ruina).

Otro jardín, como si no tuviera bastante con las flores que ya cultivo con todo el esmero del que soy capaz. Con la experiencia acumulada y los contactos que nos hemos trabajado, 2008 se presenta prometedor. En ningún caso saldremos de pobres, pero seguro que sí reforzados. Y todo esto, ¿a quién cojones le importa? Puede que a nadie pero, por poder, también puede que usted, sufrido lector, conozca a algún grupo más o menos popular que quiera tocar, a algún escritor más o menos frustrado que quiera presentar su última obra o a algún colectivo más o menos numeroso que quiera una fiesta a la medida.

Por eso y por nada más, les he dejado mi tarjeta. Confío en que harán buen uso de ella, que ya sabemos que las tarjetas se utilizan para mil y una fechorías como, por ejemplo, apuntar el teléfono de su último y tórrido ligue clandestino.

viernes, enero 11, 2008

LA CANCIÓN DEL VIERNES 11 DE ENERO

Los lectores de La Conjura que hayan visitado Nueva York, coincidirán en que es una ciudad especial. Te atrapa y te decepciona, te conquista para ponerte los cuernos a la vuelta de la esquina e incluso te enamora a ostias, pero camino del aeropuerto todo el mundo se va pensando en volver. Therefore, si no es una ciudad especialmente bonita, si el clima en temporada turística no acostumbra a ser bueno, si no se puede fumar bajo techo ni beber al aire libre, ¿por qué nos gusta Nueva York?

Además de que existan cosas que aquí ni están ni se las espera, mi teoría es que la ciudad nos traslada a lugares no ya comunes, sino universales. Cuando uno viaja a Nueva York ve lo que ya había imaginado o visto mil veces. El diferido se convierte en directo en la gran manzana. Sólo allí nos sumergimos entre rascacielos y nos reflejamos en escaparates tan de película, nos subimos en taxis tan amarillos, nos bebemos cervezas sin tanta espuma en bares tan de Quentin Tarantino o hacemos fotos que son tan de postal que casi sobra la cámara recién adquirida.

Lo mejor de Nueva York es que enseguida te sientes muy neoyorquino. Nada más salir de la terminal, recién subido en el taxi, en cuanto dices "11th Street between Broadway and University", ya eres absolutamente neoyorquino. Si encima vives en un apartamento totalmente equipado que te ha prestado una española a cambio de ochocientos euros, con su ladrillo visto, su decoración vintage y su terraza enrejada con escalera de incendios, pues newyorker hasta el tuétano de toda la vida de Dios.

Nada más salir a la calle barruntas que Nueva York padece gigantismo en sus edificios, coches, tiendas y hasta en sus gentes. La sensación se confirma cuando compras tu primer café para llevar en cualquier sitio menos en uno de los millones de Starbucks que abarrotan las aceras. Y ahí, venga a mirar para arriba y en todas direcciones, te acuerdas de Alfredo Landa y del bisabuelo que se fue a estudiar medicina a la Sorbona con alpargatas y un atillo como maleta.

Entonces te palpas el bulto que llevas en el culo. ¡Rápido, la cartera! Echar mano al bolsillo de atrás del pantalón para comprobar la de dólares que te han dado a cambio de tus euros y desaparecer el complejo es todo uno. En ese momento decidí que llevaría el fajo del fondo común en uno de los bolsillos delanteros prendido con un clip, a lo Gil y Gil, para tenerlo a mano por si volvían las dudas. "Mientras esté aquí", me dije, "seré uno más". Y a excepción de la pausa que hice para engullir doce uvas a las seis de la tarde del 31 de diciembre, lo fui.

Fui uno más de los turistas e hice las cosas que tiene que hacer uno la primera vez que pisa Nueva York. Tengo que volver, como todos los que ya han estado allí, a vivir un poco más y a hacer un poco menos de turismo. Esto significa madrugar menos y pernoctar más porque, según rezaban los carteles, "We love nightlife". Y como no hay nada más propio de la noche que la música y Nueva York tiene la suya propia, ¿qué pinchamos hoy? La de Franky Sinatra no, que tiene canciones muchos mejores. Los Ramones tampoco, que ya han pasado por aquí, ni Strokes. Entonces…



PD: Hasta aquí la primera entrega de lo que será mi muy personal American trilogy sobre Nueva York.

martes, enero 08, 2008

FELIZ AÑO NECIO

Se acabó el 2007. Y aquí seguimos. Vivos, intentando adivinar que será del 2008, llenos de buenas intenciones y mejores propósitos, con el recuerdo de Nueva York aún fresco y las ganas de volver intactas. Nada nuevo, en cambio. Lo típico, lo de todos los años. Pienso que se ha perdido otro año repleto de oportunidades desperdiciadas. También he ganado 365 batallas diarias. Que los grandes fracasos no empañen las victorias cotidianas.

He conseguido que mi novia me siga aguantando, que mis amigos me sigan llamando, que el trabajo aún me cunda y que los conciertos de Palmo Producciones salgan adelante con más pena que gloria, sí, pero sin lamentar bajas. Espero que 2008 les vaya bonito y, puestos a pedir, que les respete el corazón, la salud, el bolsillo y el culo. Vuelvo en breve a postearles mi experiencia en la gran manzana al más puro estilo Paco Martínez Soria, con mi canasto de mimbre al codo lleno de chorizo cantimpalo.