
Las azafatas de Ryan Air acaban de sacar su propia versión solidaria del calendario del próximo año. Las aeromozas aparecen en bikini y en actitud… ¿sugerente? Eso depende, dirán, de cuán sucia sea la mirada del que repasa las fiestas de guardar en 2008 o comprueba en qué día de la semana echa otra castaña al zurrón. La mía debe ser de las primeras, a la vista de lo que me sugieren mangueras, espumas y algún que otro elemento digno del análisis de la ex doctora de Norman Foster. En cualquier caso, lo que más me mosquea es no haber encontrado semejantes azafatas ofreciéndome unos cacahuetes y un puto zumo.

La iniciativa, que en su día fue original, hoy no es más que el destape de otro gremio que, bien mirado, ya estaba tardando. Se les han
adelantado bomberos, policías locales y equipos de fútbol, amas de casa, universitarios, granjeras alemanas, curas e incluso falleras. Lo que sí explotan es el estereotipo que lastra colectivos como el de azafatas o enfermeras, por ejemplo. Aunque desconozco el código interno de las enfermerías, sé de primera mano de qué va el sueldo emocional, el que no se paga con dinero, de pilotos y personal de cabina.

Creo que ya he hablado aquí del Club de los 10.000 metros y
similares, de los que
Ralph Fiennes ya forma parte por derecho propio y, si no recuerdo mal, también Bimba Bosé. Y es que los aviones son un lugar común en las fantasías de hombres y mujeres tanto si es su lugar de trabajo como si están de paso. A veces son tantas horas que la imaginación acaba volando y la cabra tirando al monte. De hecho, ya hay
manuales de sexo aéreo y Singapore Airlines ya ha solicitado a los viajeros de las cabinas privadas del Airbus 380 que se abstengan de practicar el noble arte del
joditurum en las alturas. Como lo de la FIFA con los partidos de fútbol en Bolivia, vamos.

Volviendo al tema de hoy, hay que ver el polvo y las pajas que ha levantado el asunto. Bueno, pues yo no lo entiendo. Primero, porque no se trata de nada nuevo. El calendario está a la venta desde el día de su presentación, el pasado
17 de noviembre . Y segundo, porque si, como parece, las azafatas han posado libremente y además por una buena causa, no hay nada que objetar. Por mucho que guiñen un ojo turbio al objetivo, que saquen pecho o pongan morritos. Si a alguien le recuerdan al género expuesto en el mostrador de una chacinería que no mire y si se la quiere agarrar con papel de fumar es su problema, sólo suyo.

La organización de consumidores Facua es la que ha puesto el grito en los medios. Y yo, cuando escucho los argumentos del portavoz, es que me descojono oiga. Vamos a ver, Sr. Facua, ¿cómo han podido tardar tres semanas en escandalizarse? ¿En qué se diferencia este calendario de cualquier otro del mismo estilo? ¿No se dan cuenta de que su reacción ha provocado exactamente el efecto contrario al que deseaban? ¿Son ustedes el aparto de propaganda de la línea aérea? ¿Por qué no investigan si son realmente azafatas o nos encontramos ante un supuesto de publicidad fraudulenta? ¿Por qué no le meten mano al calendario Pirelli, a la industria del cine o a la publicidad? Y sobre todo, ¿por qué no se ocupan de cosas realmente importantes?
La verdad es que me molestan bastante estos guardianes de la moral de occidente y el político-correctismo en que se han convertido las OCU's. No lo puedo evitar, tengo la sensación de que intentan enseñarme qué esta bien y qué está mal. En ocasiones, para justificar su mera existencia, hilan muy fino, finísimo, hasta darle una puntada al ridículo. El sexo y la sensualidad, señores míos, campa a sus anchas por el mundo desde que se inventó el tiempo. Y como a todos nos gusta, pues vende. Con la diferencia, importante y democrática, de que hoy en día tanto hombres como mujeres son moneda de cambio.