"Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él" (Jonathan Swift, 1667-1745)

jueves, agosto 30, 2007

PENA, GLORIA Y CERTIDUMBRE

Tenía pensado escribir una bacalada política sobre las aspiraciones políticas de Gallardón, las declaraciones de Manolo Fraga al respecto, la posterior reacción de Zaplana posterior y el peligro de incendio que debe de haber en Ferraz de tanto frotarse las manos, aunque de momento sólo salga humo. Esta historia, sin embargo, puede esperar porque sospecho que aún va a haber navajazos al grito gitano de fe ciega y faca afilada. Hoy va de deportes, de varios y con distinto tono.

Lo más triste. Antonio Puerta, el jugador del Sevilla, de tan sólo 22 años y a punto de ser padre, murió la tarde del martes en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Tras el desvanecimiento que sufrió el pasado sábado en el Sánchez Pizjuán y después de múltiples paradas cardíacas, su corazón dijo basta. Quizás no sea el momento, pero, ¿cómo es posible que no se detecte un problema de este tipo en un deportista de élite? Todos los días muere gente en el anonimato y habrá quien critique tanto escándalo, pero es normal que estas cosas toquen la fibra al personal. A mí se me pellizcó un poco la entraña cuando vi a un chaval con la camiseta del Betis y el nombre y el número de Puerta en la espalda.

Lo más feliz. Mayte con dos cojones Martínez ha conseguido la medalla de bronce en la final del 800 del mundial de Atletismo de Osaka. Y lo ha hecho de la misma forma que consiguió clasificarse para la final, con mucha cabeza y aún más rabia, sin desfondarse, recogiendo cadávres, completando los últimos 100 metros en menos de 15 segundos. Brutal. La chica, encima, es simpática y humilde, y tiene un algo en la sonrisa que no engaña y que la hace entrañable. La antítesis de Higuero, vaya. El atletismo es muy cabrón porque compites dos minutos contra los demás, pero entrenas contra ti mismo todo el año. Por eso hay pocas cosas me emocionen más que una ración de buen atletismo. Si además lo sirven con medallas, miel sobre ojuelas. Aquí dejo la crónica y el vídeo de la carrera. Juro que cada vez que lo veo lloro.

Lo más inminente. Y por último, la certidumbre relativa de la selección española de baloncesto en el Europeo que comienza el lunes. Y digo relativa porque no me cabe la menor duda de que España tiene un buen equipo y lo va a hacer bien, pero jugando en Madrid y después de ganar el Mundial, cualquier resultado que no sea el oro le va a saber a poco a mucha gente. Pepu Hernández, que para mí es el gran artífice de todo esto, está en una situación delicada, por lo tanto. Además, aún no ha perdido desde que dirige al equipo y ya van 26 encuentros. Con o sin Garbajosa, hay equipo. Pronostico un podio con España, Lituania y Grecia.

lunes, agosto 27, 2007

HERE WE GO AGAIN

Estoy de vuelta y esta vez de forma definitiva. Se acabaron las vacaciones y, ahora sí, la depresión se ha cebado con mi ánimo. "Se acabó lo bueno capullo, olvídate de dormir como un leño, comer como una bestia y beber como un maldito", dice la muy puta. Yo escucho a regañadientes, pero acabo cediendo y en vez de toalla playera, ahora paseo un bote de vaselina como el que todo trabajador debería cargar encima en su andamio correspondiente.

De tanto en tanto intento convencerme de que el trabajo no está mal, que podría ser peor, pero no me consuela. Tampoco esas disparatadas teorías acerca de la imposibilidad de tener una vida plena, virtuosa e interesante sin trabajar. Tengo la virtud de no aburrirme, así que prefiero pensar que esto no es más que el peaje agridulce que me permite hacer las cosas que de verdad me gustan.

Espero volver pronto a la actividad, que en los próximos meses viene cargada, además de trabajo, de conciertos, eventos y algún que otro proyecto ilusionante. Hasta entonces y hasta que me reponga, deambulo como el caballero de la triste figura. No bromeo, estoy muy mal. Mi estado sólo es comparable al de Pacino en esta devastadora escena de la última entrega de una trilogía que, ya lo saben, merece la pena revisitar periódicamente.

jueves, agosto 16, 2007

30 AÑOS NO ES NADA: ASÍ CONOCÍ A ELVIS

Hoy se cumplen 30 años desde que se descubriera el cuerpo sin vida de Elvis Presley en uno de los cuartos de baño de Graceland. El 16 de agosto del 77 El Rey compró un one way ticket a la eternidad y se hizo inmortal. Nada más llegar tomó posesión vitalicia del trono que tenía reservado, y custodiado por Buddy Holly y Eddie Cochran, en la presidencia del Panteón del Rock & Roll. Esta sociedad, que no ha dejado de acoger nuevos cofrades, reúne a los difuntos más célebres de la música desde la década de los años 50.

Bajo la capa protectora de Elvis, existe una guardia pretoriana que se reúne en las madrugadas del día 16 de cada mes para improvisar conciertos y disfrutar de suculentos menús. A la espera de la llegada de leyendas como Chuck Berry o Little Richard, y a petición del propio presidente -que sigue haciendo gala de la generosidad que demostró en vida-, eventualmente cursan invitaciones personales para completar el aforo. Y allí estaba yo hace unas horas, alucinado, sentado entre Gene Vincent y Johnny Cash, y enfrente de Guille Martín, genio eléctrico español que se ganó a pulso su presencia en el August Special Event.

En la cena dimos buena cuenta de costillares con miel a la parrilla, patatas al estilo sureño con sour cream, sándwiches de mantequilla de cacahuete con plátano y de crispy beicon con mermelada de cereza, brownies con helado y batidos de vainilla con Coca Cola para empaparlo todo. Pura obscenidad calórica. Tapamos algunos huecos con unas sodas, palomitas y algodón dulce que nos sirvieron las roller girls del autocine privado de Elvis. Los special guests disfrutamos de asientos de lujo en el Cadillac rosa del 57 mientras veíamos a Paul Le Mat en el pellejo de John Milner.

Tras el visionado de 'American Graffiti' nos acomodamos en la planta superior de Graceland, que está cerrada al público por tratarse de los aposentos personales de Elvis. Me fumé un cigarrillo furtivo y le di unos tragos a una petaca que cargaba el coronel Tom Parker a modo de preparación para lo que iba a ver. Protegidos por el bullicio de la gente que paseaba frente a la tumba del jardín y los ecos de clásicos de la época que llegaban de todos los rincones de Memphis, se me pusieron los pelos de punta al comprobar que nuestro anfitrión, el más grande entre los grandes, no había perdido un ápice del talento ni la magia que ya en vida le convirtieron en un mito.

Clásicos de unos y otros se sucedieron mientras Elvis se hacía el distraído y, apartándose un poco del grupo, se asomaba tímidamente a una de las ventanas. Así permaneció unos segundos, hasta que un gritó desde la calle nos alertó. El tiempo se paró y se nos heló la sangre, pero el tipo fue tomado por un iluminado más de los que anualmente denuncian cientos de avistamientos. Entonces se dio la vuelta, me miró con una sonrisa a medio camino entre la satisfacción y la nostalgia al tiempo que guiñaba un ojo, y se acercó hasta donde estaba. Me pasó el brazo por el hombro, nos alejamos unos pasos y, sin mediar palabra, abrío un armario y me regaló una chaqueta como las que usaban en la gira del 70.

A continuación volvió al centro de la estancia, chasqueó los dedos y bromeó con la placa del FBI que le entregó Richard Nixon, como si estuviera jugando a poner un poco de orden. Y como si supiera lo que estaba pensando, miró como sólo él sabe hacerlo a las Sweet Temptations y se arrancó con dos de mis canciones favoritas del 'Aloha From Hawaii' del 73, sin duda mi disco más preciado. Ninguna de las dos es obra suya, pero son canciones que le sientan como un guante y que, sobre todo, definen su vida a la perfección entre el 8 de enero de 1935 y el 16 de agosto de 1977.

De vuelta a casa, huyendo de la madrugada, me abroché la chaqueta y metí las manos en los bolsillos. En uno de ellos había una pequeña caja y dentro de ésta un anillo de oro, aún caliente, con las iniciales TCB. Creo que ya me puedo morir tranquilo.



martes, agosto 14, 2007

LEVE DEPRESIÓN POST-VACACIONAL

Acabo de regresar de mi primera semana de vacaciones. Para ser franco, "queda inaugurado este pantano". Y para ser sincero, la verdad es que aterricé en Barajas el sábado, pero ayer volví al andamio. Bendito andamio, por cierto, sin que sirva de precedente y por varios motivos. En la oficina estoy más solo que un subcampeón, pero puedo poner el aire acondicionado a la temperatura que me apetece -las niñas lo ponen a 29ºC- y escuchar la emisora de radio o los CD que se me antojan -las niñas son fan de Los 40 Principales-.

Además, mis clientes están de vacaciones y el teléfono ha enmudecido, pequeños detalles que me han permitido adelantar bastante faena. Y Madrid, mi Madrid, está vacío, irreconocible, repleto de terrazas desiertas esperando a que caiga la noche, y mañana es fiesta. Todo bien, por lo tanto, aunque el recuerdo de las jornadas marineras que disfrutaba hace cuatro días es devastador. Dentro de la gravedad, el domingo vuelvo a hacer mutis por el foro para rematar el summer tour 2007, así que apenas tengo tiempo para sucumbir a los desencantos de la depresión.

En fin, si alguien tiene pensado echarse a la mar, que tome nota de algunos consejos útiles: 1) Por amplitud y comodidad, compensa pagar un poco más y alquilar un catamarán. 2) Lleve buen embutido envasado al vacío para solucionar alguna comida y asegúrese de que DHL no se lo roba. 3) Encargue la compra a un supermercado local para que la tenga preparada en el pantalán en el momento de embarcar. 4) Procure aliviarse en los trayectos en vez de en los fondeos y 5) asegúrese de que le asignan un patrón amable y experto para gobernar la nave.

Y una obligación que merece un párrafo propio: observen las estrellas que no se ven desde las ciudades y tomen conciencia de lo insignificantes que somos. Una anécdota, nada más, en la historia de la Tierra. Con la arrogancia propia de nuestra especie solemos decir que nos estamos cargando el planeta cuando, en realidad, lo que hacemos es poner fecha de caducidad a nuestra propia existencia. El suelo que pisamos tiene millones de años más que nosotros y nos sobrevivirá a todos. Nosotros estamos de paso, pero la Tierra seguirá girando alrededor del sol cuando no quede nadie para enterrar al último hombre.
Bueno, pues basándonos en estos axiomas, el éxito está asegurado pase lo que pase. Yo he salido poco, he comido como un auténtico salvaje y he recuperado el gusto por la Pomada en cubierta (gin Xoriguer y lemon Kas, proporciones al gusto). Además, se ha confirmado lo que ya sospechaba: soy un auténtico lobo de mar. De lo contrario, habría sido imposible leer una espeluznante entrevista a Tamara Falco zarandeado por olas de cinco metros. Alguno pensará que me falta un tatuaje, pero grabarse la piel ha dejado de ser marca de la casa de presos, marinos, moteros y estrellas del rock. Otro ritual, uno más, desvirtuado por la globalización.

miércoles, agosto 01, 2007

LOS LADRONES DE DHL

Fíjense en esta bonita instantánea de DHL a la izquierda del texto. ¿Qué les sugiere? Si no fuera por la experiencia que acabo de vivir, el mensaje sería algo así como la demostración palpable de que no hay montaña suficientemente alta, río suficientemente ancho o distancia suficientemente larga como para que un pedido no llegue a su destino. Eso pensaba yo hasta hace una hora, que estos tipos eran la versión moderna del soldado Filípides, Miguel Strogoff o el Pony Express. Bueno, pues desconfíen porque puede que en DHL haya más ladrones que en la cueva de Alí Babá. O lo que es lo mismo, de cuarenta para arriba.

Ahora que entro en materia mientras vuelvo a encabronarme, comprenderán por qué me ha sacudido un latigazo la médula, provocándome la típica reacción de "me cago en tu árbol genealógico y en todo tu puto futuro". Me explico, que luego me tachan de exaltado. Esta mañana debía haber recibido en mi casa una caja bien surtida de embutidos de Guijuelo. Concretamente, 5 kilos de jamón y 4 de lomo más un chorizo regalo de la casa, suculentas viandas que iban a formar parte de mi dieta a partir del sábado en el barco que he alquilado con unos amigos en Ibiza.

Adivinen qué he recibido. Ahora es cuando ustedes dicen lo que mejor les parezca y yo contesto cosas del tipo "no, nada que ver. Eso tampoco. Y eso menos, ya nadie envía hachís entre dos fotografías". Jamás lo adivinarían. El contenido de la caja era un tetra brik de leche, una botella de cerveza de litro y una Coca Cola de dos litros, todo bien relleno de agua para simular el peso del producto original. Mi hermana se ha olido el pastel y le ha dicho al repartidor que la caja babeaba más que Obelix frente a la marmita y, cuando han abierto la caja, se ha descubierto el fechoría.

En los dos días de trayecto entre la carnicería de origen y el destino, el hijo de alguna ramera de saldo ha dado el cambiazo. Después de tener que llamar a un 902 cuyo contestador he vuelto a sabotear y de parlamentar pacientemente con tres señoritas a las que he tenido que explicar qué es un hurto, he conseguido poner una reclamación que me va a servir entre poco y nada de nada. Me queda la satisfacción de haber conocido al mismísimo Satanás, que no se ha podido resistir al escuchar lo alto que apuntaban mis blasfemias. No ha tenido más remedio que interrumpir sus vacaciones en Canarias y personarse en mi oficina para saciar su curiosidad.