LA PREGUNTA DEL MILLÓN
Creo que ya lo he comentado en alguna ocasión. Me estoy volviendo un intolerante. No soporta a la gente, cada vez menos, y me crispo con bastante facilidad, cada vez más. No llego al extremo de Michael Douglas en 'Un Día de Furia', pero reconozco que a veces me gustaría. Tampoco es necesario que sean problemas especialmente graves. De hecho, no suelo perder los nervios cuando la situación es más crítica, pero basta una gilipollez para que me enfrente al mundo.Que se tuerzan cosas que deberían ir más tiesas que la erección de un adolescente es lo que más me arrebata. Que me dejen el coche en reserva, que de pronto no haya agua caliente para darme una ducha, que me apaguen el aire acondicionado mientras duermo, que me llamen por temas de trabajo que no son urgentes pasadas las 22.00 horas, que me echen los vaqueros a lavar cuando me voy de viaje o que la gente se olvide de algunas términos que considero básicos como 'por favor', 'perdón' o 'gracias' son cosas que me hacen revolver.
Luego, hay cosas a las que ni siquiera debería prestar atención, que tienen que ver con la actitud de individuos prototípicos y que, aún así, me ponen bastante nerviosito. Me refiero a gente con un aspecto pretendidamente desaliñado que es fruto de horas de espejo, a los que llevan el pelito lacio peinado sobre los ojos, a los que van enseñando los calzoncillos o a todos los que van tan jodidamente estirados que parecería que les huele el cuello a mierda.
A todos éstos me dan ganas de preguntarle "¿tú quien eres?" y, tras la respuesta, plantear la pregunta final: "vale, me hago cargo, ¿pero, entonces, quién cojones te crees que eres?" Supongo que esta situación podrá volverse en mi contra, pero resulta que este es mi espacio y digo lo que quiero. El que no esté de acuerdo puede abrir su propio blog o dejar un comentario a este post cagándose en mi vida, que como siempre será bien recibido. Las opiniones, ya se sabe, como los agujeros del culo, todo el mundo tiene una.

















