"Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él" (Jonathan Swift, 1667-1745)

viernes, marzo 30, 2007

LA CANCIÓN DEL VIERNES 30 DE MARZO

Algunos no lo sabrán, pero Elsa Pataky ya estaba buena antes de pasar por el quirófano; Ethan Hawke era buen actor antes de casarse con Uma Thurman; Joaquín Sabina ya era un grande mucho antes de que pasaran 19 días y 500 noches; Los muñecos del guiñol están inspirados en los políticos y no los políticos en los muñecos del guiñol; y Adolfo Cabrales, mucho antes de triunfar con los Fitipaldis, agitaba minorías con Platero y Tú.

Los inicios de este pequeño gigante fueron como una de esas historias de amor a primera vista. Éste y aquél, que ya se conocían, empezaron a ensayar. Más tarde llegó el de más allá, luego invitaron al vecino y ¡voilá!. Habemus rock. Sonó la flauta y al primer intento ya estaba en marcha la formación original y definitiva de los bilbaínos Platero y Tú: Fito, Uoho, Mongol y Maguila. Podrían haber sido personajes de una serie de dibujos animados, pero les dio por hacerse musicastros y llevar la contraria a Juan Ramón Jiménez.

Porque Platero es pequeño y quizás peludo, de acuerdo, pero no es suave ni blando por fuera -tampoco por dentro-. Los platero fueron herederos de uno de los padres del rock español, Rosendo Mercado, y contemporáneos del auge de algunas bandas españolas de la misma cuerda, dentro y fuera del escenario, como Extremoduro, Reincidentes o Barricada. Fijándonos en dos de estos front man, podemos decir que Fito es bastante menos poeta y un poco más músico que Robe Iniesta.

Historias de perdedores con cinco minutos de gloria acompañadas de bajo, batería, dos guitarras, pocos adornos y algunas reminiscencias rockeras. Imposible ser más tradicional. Cuando esta fórmula los empezaba a acostumbrar a los grandes recintos, allá por el 2000, tras una gira con dos noches consecutivas en al Palacio de los Deportes de Madrid como fin de fiesta, llegó la disolución. Fito y Uoho, la columna vertebral del grupo, ya habían empezado a flirtear con Fitipaldis y Extremoduro, respectivamente, y hace siete años los tonteos acabaron en infidelidades y, con el tiempo, en matrimonios consolidados.

Se acabó Platero e irrumpieron los Fitipaldis. Con ellos llegó el reconocimiento de las masas, los premios y las palmadas en la espalda, pero también aparecieron los recelos de los seguidores de toda la vida que preferían la carne roja de antes a los solomillos a la mostaza de ahora, las litronas a los tercios y el cuero al lujo. Todo tiene su momento, supongo, y todo va bien si no se muere de éxito. Y si no que le pregunten a Dover.

martes, marzo 27, 2007

GUÁRDATE DE LOS IDUS DE MARZO

Hablemos de periodismo, que es el oficio que ejerzo solo y sólo a medias. Es obvio que cada vez hay más ruido y desinformación, elementos que contribuyen a que no nos enterarnos de nada, que al final es lo que están deseando como cabrones. Antes de empezar y para simplificar un poco mi punto de vista, siempre he creído que los hechos son unos y que la objetividad no está reñida con la línea editorial. Es decir, que en los medios hay lugares aptos para la opinión e incluso la devoción. Hasta la decisión de informar o no sobre un tema ya es opinar, pero si se decide tirar p'alante, aún teniendo filias y debilidades, puede hacerse con un respeto mínimo a las normas. Cuesta, pero se puede.

El foco del problema son las declaraciones del presidente del Grupo Prisa durante la celebración de una junta general de accionistas el pasado jueves 22 de marzo. Preguntado por la conveniencia de mantener una posición más neutral en el actual panorama político-informativo, respondió lo que ya estamos todos hartos de escuchar. Básicamente, que es muy complicado ejercer el periodismo no beligerante en este patio. Bueno, pues aun descartada la alternativa suiza, lo que sí es de obligado cumplimiento es la profesionalidad frente a la apestosa militancia que lo inunda todo.

No estoy de acuerdo con el tono apocalíptico y a ratos apolillado de su discurso, pero, en lo que se refiere a asuntos estrictamente periodísticos, no citó ningún pecado del que estén libres los demás. Por eso me extraña el berenjenal que se ha montado tras las declaraciones de Polanco y del PP que, prietas las filas, anunció que no participará en los medios del Grupo Prisa. Desde Génova también se llamó a la rebelión de anunciantes y accionistas, de acuerdo, pero éstos, incluso los afines al PP, deciden en función de rentabilidad económica. Gesto tan feo como inútil, pero muy peligroso, no vaya a ser que algún iluminati resucite boicots a las empresas dependiendo de dónde se anuncien.

Destapada la caja de Pandora, también me extraña la sensibilidad de todos los políticos con la que está cayendo desde hace unos meses. Que si a mí nadie me llama franquista, que si esta es una medida contra la democracia sin precedentes y no sé qué no sé cuántos. Bobadas mayúsculas comparadas con la cantidad de cosas importantes de las que habría que ocuparse. En cualquier caso, la decisión de no ir a determinado programa no es algo que el PP deba ni pueda, como se está demostrando, imponer. Lo realmente llamativo es la torpeza que supone, sobre todo cuando las elecciones están a la vuelta de la esquina. Si el voto de la COPE ya está en la urna, habrá que ir a pescar entre los oyentes de la SER y viceversa.

Antes de rematar el asunto, es evidente que, por mucho que algunos se empeñen, no hay muchas diferencias con la postura que adopto el PSOE con Telemadrid. Es cierto que el canal madrileño es público y que son los propios trabajadores los que se han enfrentado a la dirección, pero en la cuestión de fondo, en lo que me interesa hoy, la decisión fue la misma. No acudir a sus programas, renunciando a una parte del electorado. Demuestran muy pocas luces estos políticos convirtiéndose en víctimas de sus propias decisiones y dando alas y argumentos al contrario, pero es lo que hay. Como el niño idiota que por cualquier gilipollez se encierra en su cuarto a mirar el techo toda la tarde.

viernes, marzo 23, 2007

LA CANCIÓN DEL VIERNES 23 DE MARZO

Peggy Sue era la vecinita cachonda con la que todo adolescente sueña compartir el rellano de la escalera. De ahí al vouyerismo y a terminar robando las bragas de la cuerda de tender para volver a dejarlas en su sitio convenientemente aprovechadas sólo hay un paso, pero antes las cosas se hacían de otra forma. Antes se escribían cartas, quizás unos versos, y si se tenía talento, como es el caso, se tiraba de guitarra y se componía un clásico para la posteridad. Eso es lo que hizo el bueno de Buddy Holly, aunque al final no fuera él sino el baterista de The Crickets el que se llevó el gato al altar.

Peggy Sue se casó, efectivamente, pero es probable que no lo hubiese hecho si el genio que hoy me entretiene, a petición del interesado, no hubiera accedido a cambiar el título de la canción, que originalmente se llamaba 'Cindy Lou'. Mucho antes de este single, Holly fue descubierto en Lubbock, su ciudad natal, durante un fin de semana en el que hizo de telonero de Bill Haley & The Comets y Elvis Presley. Casi nada. Fue un viaje de ida y vuelta a Nashville, que es donde los grandes iban a grabar entonces, pues les recomendaron volver con otros músicos un poco más tarde y más fogueado.

Dicho y hecho. A partir del 56, Buddy Holly & The Crickets comienzan a andar juntos una senda que sembrarían con temas como 'That'll be The Day', 'Oh Boy', 'Maybe Baby', 'Rave On' o la mencionada 'Peggy Sue', por citar sólo algunas de las más conocidas. Ese fue el principio de una carrera prometedora, marcada por un peculiar estilo de cantar y una base rítmica más acelerada de lo que era normal en la época. Es el denominado sonido Rockabilly por el que será recordado uno de los artistas más influyentes a pesar de sus tres años de carrera discográfica. Springsteen, Beatles, Rolling, Dylan, que se acordó de él cuando recogió su Grammy en el 98, y cientos de ellos más reconocen su legado.

El 3 de febrero de 1959, en pleno Winter Dance Party Tour, Holly fletó una avioneta para llegar más frescos al bolo que nunca llegó a celebrarse en Fargo. A los pocos kilómetros de despegar desde el aeródromo de Clear Lake, el avión se estrelló y todos los ocupantes perdieron la vida. "El día que la música murió", como reza el 'American Pie' Don McLean, perdieron la vida el piloto del aparato, Buddy Holly (22 años), Ritchie Valens (17) y J.P. Richardson (28). El destino en una moneda al aire y tres jóvenes rockeros que enmudecieron para siempre. Eddie Cochran, otra leyenda que descansa en el panteón del Rock & Roll tras un accidente aéreo, compuso el tema 'Three Stars' para honrar la memoria de sus compañeros y, sin embargo, amigos.

miércoles, marzo 21, 2007

ALGO PARA COMPARTIR

Desde Las Termópilas, Roger Casas-Alatriste, que bien podría ser un nombre artístico aunque no es el caso, me rebota dos memes o bemes. Es la primera vez que vía La Conjura caigo en la tentación de replicar a uno de estos cuestionarios entrometidos e indiscretos, que sólo pretenden dar a conocer más cosas de las que el abajo firmante ya cuenta. Aún así, gustosamente recojo el guante y procedo a desnudarme un poco más. En el primero, se me insta a contar cuatro cosas que probablemente no se sepan de mí, así que, muy a bote pronto, ahí van:

Primera. Nunca me he bajado de Internet una canción, una película o un capítulo de esas series que hacen furor. Me gusta comprar los discos, a pesar de la SGAE, y estudiarme bien los libretos interiores, aunque me jode cuando no están a la altura del desembolso. También me gusta el ritual que implica ir a ver una película a una sala de cine, a pesar de que siempre hay algún felón al que deberían prohibir el ibérico de por vida. Y la mayoría de las series, como no las bajo de Internet, requieren una constancia periódica de la que carezco.

Segunda. Siguiendo con las series, la única que no perdono es CSI. Soy un incondicional de las sentencias de Horatio Cane, pero Grissom, entre la sordera y las metáforas, me aturde un poco. Por otra parte, sólo he visto el primer capítulo de la primera temporada de '24', ni uno más, y nunca he visto una sola entrega de 'House', 'Lost' o la reciente 'Héroes'.

Tercera. De pequeño, muy de pequeño, cuando no tenía ni puta idea de qué iba esto de vivir, era supporter del FC Barcelona. Tenía hasta el uniforme, hay que joderse. En una ocasión nos llevaron a mi hermano a mí al Vicente Calderón a animar al Barça, perfectamente uniformados y abanderados, como cristianos a punto de enfrentarse a su destino en el circo de Roma. Pasó el tiempo, me caí del caballo, me cegó una luz blanca como la piel de las rusas y me convertí al madridismo, que desde entonces es mi única religión aunque no llega a quitarme el hambre, la sed ni el sueño.

Y cuarta. Coincidiendo con la celebración de mi primera semana en mi anterior trabajo, atasqué el tigre. El mal cuerpo propio de un jueves de resaca, sin haber dormido y con la gasolina de la noche anterior sin purgar, mezclado con un poco de nicotina y bien regado con un café de máquina, provoca reacciones demoledores, tremendamente desagradables. Pasado lo peor no había forma de que funcionara la cisterna y caí presa del pánico. "Esto no me puede estar pasando a mí", me repetía.

Después de probar todas las llaves de paso, a la desesperada desenrosqué la bola del tirador para levantar la tapa y ni por esas, estaba sellado con silicona. Pensé que no sería muy difícil despegarlo y a la tercera fue la vencida, con tan poca fortuna que me llevé parte del mecanismo de la cisterna. Para colmo, ahí dentro no había ni una gota de agua, así que recompuse el desaguisado en la medida de lo posible, pegué la oreja a la puerta y cuando hubo un momento de calma abandoné la escena del crimen sigiloso como un indio.

Al minuto el lugar estaba convenientemente precintado y yo callado como un muerto en mi puesto de trabajo, sin acordarme de la resaca después de haber pasado más apuro que un hijo de puta en el día del padre.

En el segundo meme tengo que señalar el último artilugio tecnológico que he adquirido. El problema es que carezco de la actitud y las aptitudes necesarias en cuestiones de nuevas tecnologías. No me gustan, así que jamás me planteo comprarme un cojo-móvil, una agenda electrónica, una webcam, una consola ni nada que se le parezca. Si tengo que responder, supongo que la cámara digital que me regalaron el año pasado por mi cumpleaños es mi última tecno-adquisición.

PD: No voy a pasar la patata caliente a nadie, el que guste que se dé por invitado.

PD2: No sabía qué foto utilizar para ilustrar este post, así que he colgado una de Scarlett Johansson por ser tan simpática y por tener más curvas que el puerto de Pajares.

viernes, marzo 16, 2007

LA CANCIÓN DEL VIERNES 16 DE MARZO

Me aficioné a la música muy de chaval. Cuando estaba en tercero de EGB, unos días antes de embarcar en el avión que me levó con el resto de la parentela a Chile, me regalaron un walkman. Hasta entonces sólo había escuchado cuentos y canciones infantiles, pero para estrenar un aparato de mayores consideré que debía escuchar música de mayores. Entonces me puse cabezón y un buen día me llevó mi madre, ella otra vez, a un centro comercial en las afueras de Santiago que si no me recuerdo mal se llamaba Parque Arauco Shopping Center. Como yo no tenía ni idea y ma no pasaba de Mocedades, Cecilia, María Dolores Pradera y compañía, al final pasamos por caja con una cinta de Elvis y otra de Rod Stewart. Dos clásicos.

De vuelta a España, los domingos solía ir a comer a casa de mi abuela y, mientras unos invertían la sobremesa en cafetear, yo subía a la habitación de mi tío pequeño a escuchar música. Mucha movida madrileña y algunos clásicos, que, bien mezclados con películas como Grease, Quadrophenia o American Graffiti -esta hay que verla- fueron modelando mis gustos. Desde entonces desarrollé cierto carácter mitómano que me engancha por completo a las películas de música, que no musicales. Me refiero a cintas como los biopics de Ritchie Valens, Jerry Lee Lewis y Johnny Cash o la memorable, para mí, Casi Famosos. La afición por las pelis de gangsters vino después, pero aprovecho la ocasión para reivindicar de nuevo el papel de Chazz Palminteri como padre suplente de Calogero en Una Historia del Bronx.

El caso es que a partir de los quince años, más o menos, empecé a consumir y comprar mi propia música. Un poco a tientas, básicamente clásicos y rock español. Mi tío Jorge, que es un forofo de la música clásica, pero también fue joven -su único concierto se celebró en una granja con vaqueros y pajaritas como único atrezzo de la banda-, de vez en cuando me regalaba una perlita. Tenía esa buena costumbre y en una ocasión se presentó con dos discos, uno de Deep Purple y otro de la Creedence (Clearwater Revival), firmados y dedicados por él mismo como si fuera Ian Gillan y John Fogerty. Un tipo, mi tío, loco de atar y divertido como pocos a pesar de todo. Y yo, entre los ingleses y los californianos, me quedo con los segundos de largo.

Creo que CCR es un grupo atípico, por lo menos por su corta, apenas un lustro, y exitosa trayectoria. Fieles al mismo tiempo al estilo antibelicista y algo apocalíptico de los setenta, y casi siempre al country aunque con una vuelta de tuerca más, pusieron el contrapunto necesario al éxito de Beatles y Rolling Stones desde el otro lado del Atlántico. Un sonido potente, rítmico como pocos, que irradia energía, para una banda a la que no se le conocen grandes vicios ni debilidades. Soy consciente de que todo es posible, pero me cuesta creer que alguien no soporte sus trabajos. Lo dejo por hoy con una cita que la wikipedia atribuye a Elvis: "es una de esas bandas que en la actualidad se escucha mucho y se escuchará más dentro de treinta años". El Rey, como otros muchos, también versionó la canción de hoy.

martes, marzo 13, 2007

TIERRA TRÁGAME, ¡PERO YA!

Que levante la mano el que nunca haya sido sorprendido en actitud indecorosa o, por lo menos, incómoda. No hace falta que tus padres te hayan pillado consolándote como un mandril encelado, basta cualquier situación que mereciera correr el riesgo de convertirte en mosca para viajar al pasado. Yo me he visto en alguna de éstas, pero una terrible enfermedad mental me impide recordarlas. Memoria Selectiva, creo que se llama el mal que me atormenta, responsable de que una parte de mi pasado haya desaparecido entre la más espesa de las nieblas.

De repente recuerdo cosas, pero sólo son fogonazos repentinos en medio de la oscuridad. En uno de ellos me veo en un bar largo y estrecho como un menú degustación, desabrochándome la camisa y vaciándome el contenido de dos cirios pascuales en el pecho. Omito lo doloroso que fue recomponer la situación, pero lo peor, en cualquier caso, fue explicar a mi madre qué me había pasado. Como no se me ocurría ninguna justificación razonable -porque no la hay-, mi santa madre pensó que había alumbrado un gilipolllas.

Lo que tiene peor arreglo es lo del embajador de Israel en El Salvador. Según publica El País, Don Tzuriel Rafael fue sorprendido por el vigilante de su residencia "desnudo, bebido, con las manos atadas, una pelota de goma en la boca y varios objetos sadomasoquistas". Ahí es nada, todo un miembro del cuerpo diplomático como un cochinillo en el escaparate de un mesón segoviano. Por lo menos no tenía una ristra de guindillas colgando del culo, dirán los que piensan que el que no se consuela es porque no quiere.

Las autoridades salvadoreñas, víctimas de un ataque de inocencia infantil, denunciaron lo sucedido a las israelíes por si Rafael hubiera sido víctima de una agresión. Pelillos a lamer, que seguro que la recepción del embajador fue todo un éxito, como en el anuncio. Ahora tendrá que dar explicaciones a los mandamases de Israel, igual que yo a mi madre, pero diferente. Si estuviera en su pellejo, empezaría a desempolvar los apuntes de la escuela diplomática antes de arrancarme con el socorrido "Sr. ministro, esto no es lo que parece".

viernes, marzo 09, 2007

LA CANCIÓN DEL VIERNES 9 DE MARZO

Salvo los toros, con perdón, nunca me han enloquecido las fiestas tradicionales y mucho menos los bailes y las músicas regionales, todo eso que se conoce como folclore. Me la traen rotundamente floja el chotis, la sardana, las sevillanas, el aurresku o la jota, así como todos los eventos que amenizan. Vivimos tiempos susceptibles y soy consciente de que no he mencionado los coros y danzas propios de alguna región, así que antes de que alguien se amotine advierto que es porque, así, de memoria, no conozco más. Tengo especial tirria a las sevillanas porque las padezco con más frecuencia, pero palabra que me disgustan todos. Aceite y agua, vaya.

Sin embargo, ay, hay ahí, al otro lado del Atlántico, una tradición musical que sí me place. Ahora bien, ¿cuántas generaciones tienen que pasar para que un estilo se considere tradicional? Pues ni idea, pero si el narcocorrido es el hijo rebelde y cabrón del clásico corrido mexicano creo que, por lo menos, se puede considerar un género musical cuasi-tradicional. Padre e hijo coinciden en el protagonismo del acordeón, que le da un toque como de verbena, y en la estructura literaria de las canciones. Quiero decir, con esto, que cada canción es como un pequeño cuento en el que hay planteamiento, nudo y desenlace. La moraleja, si la hay, que cada uno saque la suya.

El caso es que esta música me suena a la leyenda de La Reina de Sur, al norte de México, a fardos y alijos en avionetas Cesna cruzando la frontera sur de Estados Unidos. A Teresita Mendoza consumiendo mientras apretaba las tuercas y las pelotas a un traficante, mientras calentaba braguetas en vuelo rasante hasta la baja California. Aún no sé si lo que cantan es bueno, malo o todo lo contrario, si se alaban la delincuencia y la violencia en sí mismas, como hacen ciertos raperos americanos, o si, simplemente, es lo que hay. Personalmente, creo que tienen más que ver con el destino, que es un maricón que te da champagne y después chinchón, que con el crimen, con tipos que son más héroes que villanos, más necesitados que avariciosos.

Una huída hacia delante propia de la gente que tiene poco que perder y mucho que ganar. Me gustan los narcocorridos, además, porque siento una fascinación especial por el mundo de la mafia, por esa mala gente con principios y honor como ya no quedan, y por esa gente que no era más corrupta que la propia democracia y cuyo mayor delito era poder comprársela. Creo, además, que si 'El Padrino' fuera mexicano escucharía a las bandas norteñas en vez de cantantes italoamericanos. Posteo esta canción por indicación de Roger, de Las Termópilas, que era un mexicano en Madrid y, cada vez más, es un madrileño de México. "Viva México cabrones".



PD: Un abrazo a todos mis amigos del departamento de Comunicación de Europa Press, que ayer, a cambio de ronda y media, me regalaron un vídeo que no merecía en el que no caben tres años de trabajo y, mucho menos, mis agradecimientos.

miércoles, marzo 07, 2007

ANIVERSARIO DE MUERTE

Como se ve que el atletismo no os pone, vamos a probar con uno de esos aniversarios que marean incluso a los protagonistas y a los que cualquiera puede sucumbir. Concluido y olvidado, por fin, el del centenario de 'El Quijote', ahora es el turno del ochentón Gabriel García Márquez y su cuarentona 'Cien Años de Soledad'. Reconozco que no he leído "el mejor libro del siglo XX", como se han hartado de decir alegremente los últimos días, pero recién estrenada la onomástica ya me han saturado tanto con las bondades de la saga de los Buendía que, la verdad, dudo que me ponga a la tarea. Todo esto, claro, amén de aquello de las opiniones, que son como los agujeros del culo: cada uno tiene la suya.

Lo que más me revuelve de estas conmemoraciones, para empezar, es el alubión de palmaditas en el hombro, apretones de manos y alabanzas de las que es objeto un tipo al que sus amigos primero y ahora todo quisqui llaman Gabo, como si compartieran barra, café y porras con él todas las mañanas. Este nobelado escritor no necesita reconocimientos como este que, por otra parte, ya se los han hecho y se los seguirán haciendo los libros de Historia de la Literatura y la posteridad. Es posible que su editorial opine lo contrario, pero no los necesita. Más aún después de haber tenido noticia de su timidez patológica y de su escaso afecto a las entrevistas.

Luego está eso tan español de opinar de todo y presumir, no ya de lo que se carece, sino en ocasiones incluso de lo que ni siquiera se intuye. Me refiero a que ahora resulta que son legión los que aseguran haber leído la obra más popular del colombiano. Ni por el forro, vamos. Lo mismo sucede con el citado Quijote y, más aún, el 'Ulises' de Joyce, que es, probablemente, uno de los libros más desalentadores que se han publicado. No seré yo quien diga que es un mal libro, pero me he enfrentado a sus primeras páginas más de una vez y su efecto somnífero es más potente que un cóctel de trankimazin, valium y ginebra o cualquier otra combinación que se pueda extraer del vademécum.

Por cierto, esto me recuerda a una vergonzosa y vergonzante entrevista que hizo Sánchez Dragó, un tipo de lo más interesante, al ex presidente Aznar en el desaparecido programa 'Negro sobre Blanco'. No recuerdo las palabras exactas, pero éste respondió, sin ningún tipo de rubor, haberse leído el 'Ulises' a la tierna edad de 11 años. Y Dragó ni se descojonó ni nada, palabra. Y aunque fuera cierto, leer es algo más que juntar letras y pasar páginas hasta llegar al final del libro, que es lo único que podría hacer un chaval de esa edad.

De vuelta al genial Gabo, siempre me han parecido una majadería esas lecturas públicas y colectivas de grandes obras, tan propias del Círculo de Bellas Artes y de la Casa de América. Allá van, me imagino que previo paso por el Café Gijón -a ver si se pega algo-, personajes de todo tipo y condición a lucir palmito y apoyar a la cultura con la lectura de un fragmento que, en determinados casos, hacen que un niño parezca el mismísimo Fernando Fernán Gómez. Para promover la cultura hay que hacer cosas como bajar los impuestos a los libros, aunque mucho me temo que mientras un libro siga costando el triple que una botella de DYC y mientras el cine siga durando seis horas menos que los efectos del pedo, la jodentud, divino tesoro, seguirá teniendo muy claro dónde invertir la paga.

lunes, marzo 05, 2007

NO SÓLO DE FÚTBOL VIVE EL DEPORTE

Pocas cosas consiguen emocionarme cuando me siento frente a la televisión. En realidad, sólo los grandes eventos deportivos son capaces de ponerme los pelos de punta. Poco importa si son españoles o no, aunque indudablemente si suena nuestro himno, mi himno, el pellizco es doble y si encima tengo resaca, triple. Me da un latigazo la médula cuando veo a los dioses del deporte hacerse humanos y llorar como niños, ya sea Francia ganando el Mundial de fútbol o la selección española de baloncesto haciendo Historia en Japón.

Y de entre todos los deportes, pocos consiguen tocarme la fibra como lo hace el atletismo. Quizá porque es una de los más duros, de esos que se entrenan toda la temporada de forma brutal con la vista puesta en una o dos citas. Quizá porque es un deporte de héroes anónimos que sólo de tanto en tanto alcanzan las portadas de prensa. O quizá porque no hay nada más instintivo que luchar contra uno mismo, nada tan sencillo y complicado como ser una décima de segundo más rápido que la última vez.

Este fin de semana han vuelto a hacerlo los seleccionados españoles que competían en el Europeo de atletismo de Birmingham. Nueve medallas, entre las que me quedo con el triplete de mediofondistas en el 1.500, una prueba muy cabrona y talismán para el atletismo ibérico, donde parece que Higuero empieza a correr, además de con el corazón, con la cabeza. También con la medalla de plata de la menuda Marta Domínguez, enorme en cualquier distancia, el oro de Carlota Castrejana en triple salto y la plata de Concha Montaner en longitud.

He echado de menos en el palmarés a Superman Martínez, que intenta prolongar su carrera cambiando la técnica de lanzamiento, y a la pucelana Mayte Martínez, otra atleta ejemplar y con un puntito macarra muy bueno, que ha cambiado el 800 por el 1.500 por culpa de una lesión que no le ha permitido competir como acostumbra. Suele decirse que la felicidad nunca es completa, pero declaraciones como las de Castrejana después de ganar su concurso a mí ya me valen.

Curiosamente, la riojana, que trabaja como abogada a tiempo parcial en un bufete de las Torres Kio, fue olímpica con la selección de baloncesto en Barcelona '92, campeona de España de altura y saltadora de longitud antes de consagrarse definitivamente en el triple. Me parece un gran ejemplo de lo que debe ser un deportista, así que me alegro por todos y cada uno de los 188 centímetros que levanta del suelo.

jueves, marzo 01, 2007

CAMBIAR PARA QUE TODO SIGA IGUAL

De vuelta a España, uno tiene la sensación de no haberse marchado nunca o de vivir en un bucle informático que se repite sin fin ni piedad. Tiende al infinito, que diría una profesora de amargo recuerdo escolar. Los mismos males endémicos (la OPA de Endesa, la dieta de De Juana, el juicio del 11M…) replicados con los mismos ladridos de unos y otros. Sin embargo, hay cosas y casos, algunos más graves que otros, que no acabo de entender. Cuando los hechos carecen de lógica, los manuales de periodismo invitan a señalar al pescador en río revuelto para encontrar al responsable antes de aplicarle la Ley de Lynch.

Para empezar por lo más elemental, empecemos por el fútbol y la resaca del Betis-Sevilla copero de anoche. Imagino que todo el mundo ya habrá visto el botellazo con cafeína a Juande Ramos y la condena de toda España y parte del extranjero. Me revuelven especialmente las de los directivos de uno y otro equipo, después de haber calentando el partido como lo han hecho toda la semana. Más aún la de los medios de comunicación, que se echan las manos a la cabeza después de poner la alcachofa en la boca de Lopera y Del Nido para que se despachen a gustito y celebrar la guasa de los sevillanos. Más allá de la responsabilidad del autor material de los hechos, como dicen los contertulios, ¿quién ha sacado tajada?

Probablemente los presidentes de los clubes, que han dado una muestra más de amor a los colores ante sus fieles, y los medios de comunicación, que han rellenado páginas y minutos de emisión a costa del previo del partido. Bueno, pues ahora que apechuguen, y si tiene que haber cabezas de turco, que las haya. ¿O es que hay que enterrar a alguien para tomar medidas? Y a ver si, aprovechando la coyuntura, los clubes se atreven a dar un paso al frente y retiran todo el apoyo a los grupos ultras. No es admisible que el fútbol se haya convertido en la trinchera en la que se refugia parte de la mierda que nos acecha.

Luego está la entrevista de El Loco de la Colina a José María García censurada por algún brillante cerebro del agujero nacional (léase RTVE) y disponible a sólo un clic de distancia. Primero, hay que ser mendrugo, pues la entrevista ha tenido mucha más repercusión de la que hubiera tenido jamás. Segundo, hay que ser iluminado para decidir que es lo que le conviene a la audiencia en vez de dejar que ésta decida. Tercero, hay que ser torpe para anunciar que vas a capar la emisión. Y cuarto, hay que ser temerario para aplicar una medida tan excepcional en democracia, sin resolución judicial de por medio y sin consentimiento, supongo, de Zapatero. ¿Quién gana? Pues, visto lo visto, nadie, pero mosquea que el ente pusiera la mejilla a cambio de silenciar el resto. ¿A quién se pretendía defender? ¿Qué hubiera pasado si lo hubiera hecho el PP?

Quienes nunca ganan, siempre pierden y de qué manera, son los niños víctimas del maltrato en cualquiera de sus versiones. La última, la de la hija de la grandísima puta de una guardería de Madrid. Y escribo "hija de la grandísima puta" en el sentido más literal de la palabra, pues la madre de esta delincuente, además de dirigir la guardería, ha justificado que le hiciera comer el vómito a la pobre niña. Habría que saber quién es el pediatra que, según dice, justificó semejante aberración para que le quiten la licencia. Le receto un retiro carcelario junto a este par de zorras metidas a niñeras de farol, que nunca debieron abandonar la esquina alumbrada por éste. Con el futuro, que son los niños, no se juega ni un pelo. Y los que lo hacen, además de pagar por ello, deberían cobrar y de lo lindo.

Y para terminar, los sindicatos han convocado hoy el Día sin Móvil. ¿Que quién gana? Pues pase lo que pase hoy, las compañías de telefonía móvil, que han subido un 25% el precio del establecimiento de llamada. ¿Casualidad? No sé yo. Defensa de la Competencia tiene pendiete una reunión con Movistar, Vodafone y Orange, no vaya a ser que se hayan puesto de acuerdo. Las organizaciones de consumidores han anunciado que, si se produce un cambio en las condiciones de prestación del servicio, semos mu libres de cambiarnos de operadora. ¿A cuál? ¿A Yoigo, que funciona como el orto? A lo mejor lo más conveniente es cambiar de residencia no fiscal, sino vital, que esto empieza a aburrir. Recuerda, en cualquier caso, al ayuno de carne los viernes de Cuaresma. ¿Chuletón no, pero langosta sí? Pues que sean dos.