UN DÍA COMPLETO
Ayer pasé todo el día en la burgalesa Aranda de Duero visitando las instalaciones de una industria alimentaria. Filias profesionales aparte, la verdad es que impresiona y, además, resulta curioso que lo más impresionante sean máquinas que funcionan desde hace décadas, mientras que los últimos avances en materia de tecnología, trazabilidad y seguridad alimentaria, aún siendo los más importantes para el consumidor, te dejan tibio. Elemental, querido lector, porque esa tecnología es pequeña y poco vistosa, y nosotros comemos, bebemos, deseamos y hasta matamos con los ojos. Caballo grande, ande o no ande.
De noche y de vuelta a los madriles, paseíllo por el barrio de La Prosperidad, donde los hosteleros intentan revitalizar la zona con una semana de tapas, vino y cava a precios especiales. Evento correcto, aseado, dependiendo del local de turno. De pronto chivatazo: Loquillo está cenando en un japonés por la zona del Bernabéu y yo con estos pelos. Fui a regañadientes y cuando llegamos ya se había ido. Mucho mejor porque no hubiera sabido muy bien qué decir y un saludo, así sin más, como que no. A los mitos, casi mejor verlos desde abajo, que a lo peor resultan ser unos gilipollas y al final, decepción tras decepción, los pedestales se quedan huérfanos.
Al final me tomé una copa con los chivatos, los hermanos Moltó, que son Álvaro, al que le gustará que diga que es maestro antes que profesor, y Eugenio, al que le gustará que diga que ayer tenía aspecto y siempre voz de Jorge Martínez, el cantante de Ilegales. El primero por fin ha cobrado y amenaza con pulírselo todo, y el segundo tuvo un grupo llamado Paté de Pota que, por los estribillos que me cantó, bien podría tener influencias de los rockeros asturianos. Después de esa copa cayeron tres más en Mynt, una reestrenada sala de conciertos que ocupa el lugar que antaño ocupó Ludwig (Castellana, 95, en los bajos de Torre Europa).
El local promete buenas maneras y mejores conciertos. Tiene un escenario amplio, con muchas posibilidades, y unos medios técnicos muy buenos. Ayer subía y bajaba gente de todo pelaje para tocar versiones muy fieles al original, lo que no aporta nada más allá de la diversión de canturrear estribillos de clásicos de hoy y de siempre. El local está bien acondicionado, con barras amplias y bien repartidas, y cubre un vacío entre los locales de conciertos de Madrid con un aforo intermedio entre El Sol y la rebautizada Sala Heineken. Dará juego, mucho más que el vecino Santiago Bernabéu.
PD: Cada vez que me tomo una copa, como ayer, me acuerdo de que necesito un





