COSAS QUE HACER EN LOS AEROPUERTOS
De vuelta de las vacaciones y con todo lo que ha llovido este verano, sé que sonará extraño que me declare fan de los aeropuertos. Seguramente son, junto a los campos de fútbol, los lugares que más alegrías y frustraciones provocan. A pesar de los traumas padecidos en forma de retrasos, overbooking y pérdidas de equipaje, a pesar de que a golpe de noticias he tomado conciencia de que los aviones se caen y sin olvidar que no hay otro servicio capaz de pasarse por el forro de los cojones los derechos de los consumidores como el de la aviación comercial, me gustan los aeropuertos.
El aeropuerto es la víspera de diversión, la vigilia de cuaresma antes de la llegada de Don Carnal, el velatorio de las armas antes de la batalla del ocio. Me gusta llegar con tiempo, facturar mi equipaje y comprar la prensa, tomar una caña, echar un cigarro como un apestado en las zonas habilitadas para fumadores o contemplar el paisaje que me rodea. La fauna aeroportuaria me intriga. Imagino las vidas que se esconden dentro de esos pantalones ‘pirata’, sobre estas chanclas y bajo aquellas gorras o sombreros de cowboy, elementos bastante ridículos por sí solos cuya combinación puede menoscabar gravemente la dignidad del individuo tanto como su estado físico, dadas las temperaturas polares que se registran en la cabina.
Otro de mis ocupaciones favoritas en los ratos de espera es adivinar la nacionalidad del personal en función de su apariencia externa. Aunque la tiranía de la globalización ha complicado sobremanera la tarea, aún hay determinados rasgos que te permiten reconocer, por lo menos de forma aproximada, la procedencia del turista. Los pantalones de pinzas con zapatillas de deporte, por ejemplo, son típicos de los americanos, como las uñas largas y pintadas los son de inglesas y francesas o los cuerpos extremadamente morenos y bien esculpidos de italianos. Aún más fácil es reconocer a los españoles en el extranjero. Decibelios aparte, los mocasines y los típicos zapatos ‘náuticos’ casi nunca fallan.
Sin duda, mi mayor acierto fue adivinar la profesión de una chica que se sentó a mi lado durante un viaje de trabajo a Londres el pasado mes de junio. Tendría unos veinte años, vestía informal, leía El País y transportaba un libro de Valle-Inclán, rasgos inequívocos de la muchacha era periodista. En realidad aún no ejercía, sino que estaba estudiando para serlo algún día, lo que no resta ningún mérito a mi olfato nacionalista. Mucho más evidente y menos afortunada fue la compañía que tuve el pasado 20 de agosto, camino de Menorca. Compartí fila con un tipo que viajaba con un putón escandaloso. Él estaba suelto y como ella no era muy habladora, acabó glosando con todo detalle las penurias de su divorcio. A mí me dio el viaje, pero a la pobre chica… Espero que la tarifa compensara la compañía.
PD: Tengo entendido que la farmacia del aeropuerto de Barajas es la que más
PD 2: Buscando el link de los anillos vibradores, he descubierto que la gama productos Durex es mucho más amplia de lo que pensaba. Merecen uan mención especial los vibradores, de diseño moderno y discreto.



