CÁNCER DE CORAZÓN
Llevamos varios meses asistiendo en directo al cada vez más inminente final de Rocío Jurado. He de reconocer que no siento simpatía por la folclórica ni por su ex-torero marido, tampoco por su hija y sus dos maridos, a cada cual peor, ni por el rompepelotas del mayordomo. En medio, dos nietos y dos hijos adoptados que vinieron al mundo lastrados por el ansia de las exclusivas millonarias, los primeros, y por la exposición pública de tan singular pareja, los segundos. A pesar de todo, es indecente el circo que se ha montado en torno a la muerte de la Jurado, declaraciones de Carmen Calvo incluidas, que, por encima de todo y más en estos momentos, no es más que una persona enfrentada a su propio drama.En origen, puede que el problema se encuentre en la degradación que ha sufrido la llamada prensa del corazón. Hace años los protagonistas de los espacios rosas eran personas más o menos famosas, que concedían una entrevista para hablar de su último estreno, por ejemplo, y de paso contaban qué tal les iba con su pareja o cómo habían crecido sus hijos. Hoy basta con ser un don nadie que se ha trajinado a fulano o se ha montado un trío con mengano. Medios, público y anunciantes tienen la culpa, con la diferencia de que los primeros tienen la sartén por el mango y pueden pisar el freno si llegan demasiado lejos. No lo harán, ya sabemos por qué.
Es que todos lo hacen, dirán algunos, y el público quiere saber cuál es el estado de salud de la folclórica. Por partes: que Rocío Jurado pase a mejor vida sí es una noticia, pero no creo que su agonía lo sea. Lo que de verdad me toca los cojones es que, encima, lo envuelvan todo en un halo de consternación y preocupación sincera por la situación de la chipionera. ¡Ja! Si de verdad fuera así, si no se quisiera molestar a la familia ni a la propia enferma, además de aplicar las normas más elementales del buen gusto, se podría crear un ‘pool’ informativo que garantice a todos los mismos datos e imágenes tal y como sucedió con la boda del príncipe. Pero no es eso, se trata de lo otro.
En lo que toca a este tipo de prensa sin escrúpulos, hay un hecho especialmente preocupante: el carácter de noticia que se les está otorgando a los rumores. Barra libre para escupir todo tipo de sandeces, cuando la primera obligación del periodista es comprobar que las informaciones que difunde son verdaderas. Avisan de que se trata de un rumor, sí, pero el daño ya está hecho. El ejemplo ha cundido en la prensa deportiva, especialmente propensa en época de fichajes. Poco a poco, también los medios de comunicación generalistas se ven envueltos en esta vorágine, aunque aún podemos decir que practican el periodismo. De ellos depende que siga siendo así.
PD: Me cuentan que ayer, durante la primera jornada del debate sobre el estado de la nación, dos cadenas de televisión pasaron un rótulo anunciando la muerte de Rocío Jurado. Quizá me equivocara en mi última afirmación.








