UN DÍA EN LAS CARRERAS
Este fin de semana he disfrutado y padecido en Jerez con las carreras inaugurales del Mundial de Motociclismo. Disfrutado porque el espectáculo fue tremendo, el tiempo inmejorable y los pilotos españoles, menos Sete, otra vez Sete, dieron la talla. Y padecido porque me abrasé la cara en la grada, porque es agotador conducir rodeado de moteros, que exigen respeto y no respetan nada -así se matan-, porque tardé seis horas en cubrir los 100 kilómetros que separan el circuito de Sevilla y porque, como suele decir un amigo, hay más macarras en este gremio que en el de la construcción.
Acepto que este es uno de los tres fines de semana consagrados a los moteros españoles y que, si no me gusta, me podía haber quedado en casa. Confirmo que, cuando vas a las carreras, no sabes quién va a ganar, pero sabes que va a haber emoción dentro y fuera del circuito. Y me gusta, a diferencia de otros deportes que exigen militancia, que la gente anime a los que lo ponen todo sobre el asfalto al margen de su nacionalidad. Si encima son españoles, mejor. Me gustó Jorge Lorenzo después de ganar el cuarto de litro: eufórico, rabioso, encabronado… Así se celebran las victorias.
Aún así, me quedo con un detalle del que no he oído hablar prácticamente a nadie. En la primera curva de la categoría reina, Elías se llevó por delante a Valentino Rossi. El campeón del mundo de 125 cc (1997), 250 cc (1999), 500 cc (2001) y Moto GP (2002-2005) veía desde el suelo cómo los demás pasaban de largo. Con semejante palmarés, estoy seguro de que otro se habría ido al box. Él no. Se levantó, rodó como si la vida le fuera en ello y arañó los dos puntos que premian la decimocuarta plaza. Rossi quedó como un señor y la grada agradeció el gesto.Por cosas como esta es uno de los grandes. Por abandonar Honda cuando estaba en lo más alto, por convertir a Yamaha en una marca ganadora en sólo un año, por no renunciar al 46 que luce en su carenado en honor de su padre desde que competía en pocket bikes, por mojar la oreja a sus rivales donde quiere, cuando quiere y como quiere, por no aburrirse de competir y ganar... Por cosas como estas, es posible que llegue a ser el mejor.






