ACERCA DE LA PIRATERÍA
Leo en la edición digital de un periódico que la banda británica Arctic Monkeys ha batido el récord de ventas en el Reino Unido tras colocar en manos de sus fans 363.735 copias de su primer trabajo, ‘Whatever people say I am, that's what I am not’, en una semana. Oasis, con los capullos Noel y Liam Gallagher a la cabeza, vendió poco más de 50.000 con su estreno musical, ‘Definitely Maybe’, en 1994. ‘Whatever…’ salió a la venta ayer en España y fue el compacto más vendido en las tiendas Fnac. Supongo que los récords, como las normas, están para romperlos. “Te gustarán si te gustan The Strokes o Libertines”, dice la web popmadrid.com.Más allá de la anécdota, me parece mucho más importante que los integrantes del grupo hayan sacado los colores a las compañías discográficas y a todos los Alejandro Sanz que en el mundo son. Según cuenta la noticia, se dieron a conocer “repartiendo maquetas a los que acudían a sus conciertos, volcando canciones en su página web y permitiendo que su música viajara libremente por el ciberespacio”. Hoy se reconoce su trabajo en Reino Unido, Estados Unidos y Japón. Creo que este caso, queridos Teddy, Víctor y Ana, Miguel, el otro Miguel, el de Granada, y compañía, demuestra que eMule y las ventas son compatibles.
¿Y si no lo fueran? Me importa tres cojones, igual que el dichoso canon de la SGAE. También habría mucho que hablar de la hipocresía de las discográficas, que apuntan que la piratería va en detrimento de los grupos noveles, mientras promocionan el mismo perro con diferente collar. O del ministerio de (agri)Cultura, que maneja argumentos similares después de poner a disposición de OT el rodillo de TVE y llevar a Eurovisión a sus criaturas. Y de los ayuntamientos, que programan lo malo conocido cuando España arde en fiestas y se ahoga en alcohol.
¿Y si, a pesar de todo, las descargas por Internet perjudicaran las ventas de discos? Mi opinión no cambia un ápice. Los músicos deberían ganarse la vida encima de un escenario y vivir de la caja de sus conciertos. Sus productos de estudio, que rara vez aportan un valor añadido como buenos folletos interiores o un diseño interesante, por ejemplo, deberían ser una carta de presentación que anime al público a comprar una entrada y a las bandas a salir de gira. ¿Y si no valen? Muchas gracias, no das el perfil que estamos buscando, dedícate a otra cosa y que pase el siguiente, por favor.
Las cifras demuestran que hay grupos que no disfrutan de grandes ventas, pero no paran de tocar. Sin ánimo de hacer proselitismo y consciente de que hay ejemplos a patadas, por pura cercanía y por ser un claro ejemplo de discreto éxito comercial puedo decir que un tío como Loquillo, que no cae muy allá ni acá ni tiene amigos entre los que deciden, especialmente en Cataluña, ha dado un concierto cada diez días durante los últimos dos años. Señores, a tocar.





